Tantas, tantas veces la pena ha llegado y se ha ido que de verdad ya no me da miedo, ni risa, ni rabia, pena no más. La pena da pena.
la esperanza todavía
Tantas, tantas veces la pena ha llegado y se ha ido que de verdad ya no me da miedo, ni risa, ni rabia, pena no más. La pena da pena.
¿Para qué escribir una confesión? Tal vez la respuesta a esta pregunta sea la misma, o similar, a la pregunta del para qué escribir un libro, a lo que Agustín y Derrida quizás contestarían: por amor, para amar más.
Pareciera entonces que el amor y la confesión deben estar juntos. Derrida se pregunta de qué sirve el amor que no se confiesa, o si hablar de amor no es ya hacer una declaración de amor. Quizás todo amor tiene algo de confesión. Sin embargo, en toda confesión también hay un resto de inconfesabilidad, algo que se resguarda de la supuesta posibilidad de decir todo, o transparentar todo.
El modelo de la confesión pareciera remitir a la subjetividad encerrada en el ámbito de la interioridad que se clarifica (a sí o a un otro) sus estados, retrotrayéndolos al espacio de la conciencia. Sin embargo, más que de intento de clarificación, tanto en las Confesiones de Agustín como en la de Derrida, se trata de una cuestión de amor (amor que siempre supone una opacidad que se resiste a todo intento de transparencia). Una restancia queda en las confesiones, algo que resiste, un inconfesable que desafía todo intento de “verdad”.
Tal vez lo que hagan visible las Confesiones agustinianas sea esto: la necesidad de decir el amor, y el modo en que en ese decir se patentiza la alteridad. Como resto inconfesable y opaco.
San Agustín con sus Confesiones, Derrida con su Circonfesión dan testimonio de este amor y este resto. ¿Qué une a San Agustín y Derrida, argelinos ambos, filósofos ambos, en la confesión: de una alianza, de un anillo en ambos casos? ¿Qué los une además de una madre, un nombre –Derrida escribe desde Santa Mónica–, una calle –Derrida vivió con sus padres en la calle Sainte Agustine–, un relato de una vida, de un hurto? ¿Qué los une, además de esa necesidad de la escritura después de la muerte de la madre? Porque si bien Derrida escribe mientras su madre aun vive, ella ha olvidado el nombre de su hijo, y entonces escribe para una madre viva que no reconoce al hijo, una madre “que no es” madre.
Creo que, más allá de estas proximidades, escribir una “Circonfesión” es un homenaje, 1590 años después, a aquello que testimonian las Confesiones agustinianas: la alteridad, en un discurso que, por momentos, parece ser un soliloquio, pero que está hecho ante un otro. Y un otro que ya sabe lo que se le va a contar, y a quien, sin embargo, se le reitera lo sabido. Entonces, la palabra de la confesión es casi como el gesto del amor: una redundancia, una reiteración, una iteración que, sin embargo, ampara lo frágil de la otredad.
Mónica B. Cragnolini, Pensamiento de los confines, n. 17, Diciembre de 2005 / Págs. 113-118.
Mañana es mi primer día de trabajo asalariado y yo escucho a la Rosenvinge con Sabina para pasar los nervios.
Ya no me das pena, Karencita.
Hay cosas bacanes en la vida y Emmanuel.

Supongo que así, directamente, no hay recurso fotográfico-retórico alguno que confunda al destinatario de todo esto. De absolutamente todo esto.

La vida está llena de Rodrigos.
Rodrigo Salgado y Rodrigo Barros, in memoriam. (?)
*Dios los separa y Martin Heidegger los junta.
Yo creo que si le digo a Rodri que “como yo nadie lo amó” o que “yo soy aquella que reza cada noche por su amor”, le da un patatús. Me va a encontrar flaite, pero secretamente escuchará una y otra vez la canción en su corazón.
Como yo, nadie te amó, Rodri.
shiaaaaaaaaa.
R. no dice, R. no quiere decir.
Ayer creo que nos prometimos la vida… por eso cualquier interrupción debe ser pura sensación de muerte.
A mi nunca me ha gustado Nietzsche. Las promesas deben prometer.
(Viene) Desde el corazón del corazón, te digo: no tengo idea como se hacen bien las cosas del amor, pero tengo la mejor y más enamorada intención.
La decisión por ti ya me tomó.
Y de ti y por ti, hace horas y días, es que soy.
Te fuiste para perseguirme
y mientras te quedas me voy
la vuelta es más triste.
Ha sido un gran descubrimiento de esta noche esta canción.