Antes de irme por fin del trabajo, de comprarme un sandwich de quesillo, de ir a las clases de francés (qué me hacen tan feliz), de tratar de leer un poco el libro de Derrida como “pensador del resto”, de asomarme a la calle para ver si hace frío, de pensar en los regalos de cumpleaños de esta semana, de planear las vacaciones, de querer sólo dormir, de comprarme un jugo de naranja de la salida del metro, de pensar en el texto de Lévinas y en su tilde en la e, antes de todo eso, antes de todo, todo, todo, todo eso, solamente voy a respirar profundo y me voy a poner contenta otra vez por la vida y por las ganas de que haya vida, por la fabulosa novedad de desear la vida.