C y E se pelean por peinarme. C encuentra la peineta y el colet primero, E se lo quita y no deja que sea su hermana quien se adueñe del beneficio de ser vanguardia.
E llora en el suelo cuando abogo y le restituyo la peineta roída y robada a C. Trato de consolarla, de retarla, de entenderla, de contenerla, de moralizarla. C por fin se rinde y la deja no más, deja que sea E la primera -y la única- que me peinará esta tarde.
C por mientras encuentra su propio juego. Una guagua llora en una cuna y yo, la adulta más cercana, no puedo ir a consolarla. Es que cuando un adulto es de uno, o en este caso de dos niños, el amor se pelea a muerte. C asume su rol de segunda persona adulta a bordo, me indica que la guagua llora, le digo que quizás es porque se le cayó el chupete. Primero me llama, debo ser yo quien se lo ponga. No puedo moverme de la sesión de peinado, así que C actúa por su cuenta. Acerca una silla y se sube a la cuna de la guagua, le pone el chupete, le hace un cariño rápido y se baja. Me mira y me cuenta lo que hizo. Yo la felicito, le muestro un pulgar, le sonrío. Sabe que me ha emocionado. Sabe que encuentro maravilloso que a los dos años y medio sepa que a sus compañeros, a sus pequeños amigos y hermanos, hay que ayudarlos, hay que contenerlos, hay que amarlos.
Después de la felicidad se me aprieta el corazón, ¿es ella quién debe hacerlo?
Luego de pensarlo un segundo, pienso que no. En este mundo no, en este mundo quizás no le corresponde cargar con el llanto ajeno, con el llanto de un niño más pequeño que sus dos años y medio. En un mundo mejor sí. En un mundo de niños y niñas compañeros sí. Casa Catalina a veces se me hace este pequeño mundo, donde los niños a pesar de la pobreza, de la tristeza, del descuido, no están solos… y lo saben.
Cuando los dolores sean otros, cuando no nos peleemos a muerte por el amor, podremos poner chupetes, podremos amar sin miedos, sin tristezas, sin ansiedades y sin posesiones. Podremos tener certezas y seremos felices cuando podamos soltarlas. Cuando CPS habla del comunismo dice que no es que en él se acabará el desamor o la tristeza. La diferencia, la gran diferencia, es que la posibilidad de la felicidad será real y no nos rondará la muerte cada vez que una peineta menos nos haga sentir que con eso perdemos a un pequeñísimo sucedáneo del amor de mamá. Cuánto desearía por un momento regalarles este mundo a C y E. Cuánto desearía que no sintieran que me pierden cuando me voy de vuelta a casa.
Espero algún día poder saldar nuestra deuda. Es de todos, pero yo decidí encarnarla.
Gracias de nuevo, C y E.

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo