Mientras espero que se me sequen las uñas para ponerme el piyama, mientras me doy cuenta que hoy no cumplí la meta de acostarme temprano, mientras pienso que desde mañana habrá un libro en francés en mi cartera o que probaré las empanadas vegetarianas de la maravillosa tienda de jugos naturales de la calle Londres, escucho música demasiado romántica como para dormir sólo con un peluche tejido y sin cara, uno de esos que un colegio Waldorf le regaló a los niños y niñas de la Casa Catalina, que pasaron sin pena ni gloria, y que yo me robé para transformarlo en mi objeto transicional.
He intentado ponerle nombre al peluche, pero no funciona mucho. A veces se llama Benito y otras Juanito, pero siempre el nombre se pronuncia en diminutivo. Da igual. Lo cierto es que lo abrazo e intento dormir de lado, tal como me recomendó L.P, mi profesora de yoga (y mi segunda psicoanalista según G.F).
¿Transición entre qué mediará el peluche? Ni idea aún. O más bien, quizás habría que pensar por qué cuando más segura me siento, más necesito dormir abrazada a él.

…..

Otra de las cosas que quiero empezar mañana, es amanecer saludando al sol. El cambio de hora, sin duda, favorece la decisión, porque tanta oscuridad matutina me tenía definitivamente aburrida. Que la noche comience antes me gusta incluso. Raro quizás, pero tengo que empezar a pensar los días con menos sol, más frío y más invierno…

Miro los últimos posteos de este blog y me doy cuenta que escribiendo he elaborado mucho de lo que ha pasado estos días, poniéndolo a disposición de “mi público”, para abrirme y “conversar”. Sé que tengo lectores y lectoras interesadas, sigo siempre revisando las estadísticas, y confirmo positivamente la pregunta que alguna vez me hice: sí, ésta es una forma de tramitar (y me gusta).

El tono quizás es menos amoroso. La premura de alguna confesión de amor ha pasado, y abrazar a Benito o Juanito de noche me hace observar con más calma algunos sueños que me cuesta soñar.

Quizás con un poco más de impulso me decido a cocinar algo, quizás dejo de esperar lo que no llega, quizás me canso antes o recibo una buena nueva. Quizás me sorprendo abrazando a alguien más que Benito o Juanito.

Advertisement