Esto lo escribí el 13 de agosto del 2008.
Y después dice que no sabía, que no pensaba, que no creía:
Nietzsche dice que hombres y mujeres aman en un tempo distinto.
Yo ando ensayando tiempos de escritura, ritmos y rimas.
Este es un extracto de una carta rara que a veces rima, y que se inspiró en un pedazo del heme aquí de Derrida (y por cierto, en una tercera persona singular).
“he hasta cocinado pensando en ti. qué sé yo, una pavada: pensar que llegas y que tienes hambre. que luego tienes sueño y abrazo tu cabeza y lo demás. cocino una que otra esperanza por si llegas y decides quedarte acá. ojalá hasta que la vida se acabe. ojalá para siempre-siempre de los siempres.
la intensidad de la promesa eterna me parece que es la mejor promesa de amor. al menos, promete la intención, la disposición a la entrega más que a la renuncia (no puedo ser nihilista aunque quiera, y siempre nietzsche me ha parecido algo egoísta).
no sé mucho sobre el amor y me interesa saber(lo). saber y saborearlo. amar si se puede, sin imposturas, sin medias tintas, irse de cabeza con la intensidad que implica perderse en el Otro sin perderse, mantenerse firme para cuando necesites mi brazo, mi hombro, mi rodilla, mis piernas sobre ti.
no hay manera de que quiera abrazarte tanto como para que desaparezcas. el amor que tengo y que insisto en tenerte, te deja casi intacto, te deja solo y arrojado, solo y acompañado, hecho y deshecho a mi lado, parado a mi lado, sobre, debajo y en medio mío.
cruzado, amado, sobrepuesto, tendido, querido, repuesto. adorado, temido y sentido. así te quiero. te quiero incluso insoportable, te quiero con lo que te duele aunque me duela, te quiero con la incertidumbre y tontera del enamoramiento que decide arbitrariamente sobre un desconocido-conocido, sobre un alguien que de un día a otro se queda para no irse jamás.
eres tú del que hablo y vos sos. ¿raro, no?
insisto en la entrega de esta carta, en la posibilidad atenta del desamor, de la no respuesta, de la espera inmensa. insisto y reclamo, aguardo. asumo la desventura del no-reconocimiento. espero por ti y espero por fin poder decirle al mundito grande y pequeñito que eres tan mío como puedes serlo. que tu mano en la mía en una tarde de parque es todo lo que necesito, y bla, bla. ya está. se resumió la vida y de aquí en adelante, mi vida y mis proyectos se conjugan en modos perfectos, imperfectos y subjuntivos para amarte mejor. para ser yo quien más te ame y la más amorosa de las amantes.
vuelve a mi cama y deja con tu olor mi almohada, vuelve para arrojarme a la tortura tranquila de las horas de espera en la que sólo la almohada eres tú. en la que sólo este recipiente de plumas o de algodón es recordatorio certero de tu amor que me mantiene viva.
vuelve y abrázame, hazme saber que no te fuiste.
perdóname de nuevo. espérame tranquilo e impaciente. quiéreme si se puede, apriétame de amor y de rabia, de espera y aroma de día que empieza.
llega.”